lunes, 22 de junio de 2009

COMPETENCIA


En realidad, la vida es una lucha hombro a hombro por más allá de sobrevivir, satisfacer nuestro ego. Desde que nos levantamos, hasta que cerramos nuestros pesados párpados para conciliar el sueño. Siempre buscamos ser los primeros, incluso para morir.
Cargamos piernas de atletas, para que llegado el momento y suene el despertador, seamos
los primeros en alcanzar la ducha caliente y el baño limpio.
O cuando llega el metro.
Todos salen despavoridos como si la muerte los asechara.
El metro no ha parado, y la gente se estruja, ¿pero para qué?
-necesitamos un lugar preferencial donde hacernos- decimos para defendernos.
El metro se detiene y abre sus puertas. Los que estaban adentro, salen como excavadoras de nieve empujando el tumulto.
Mientras nosotros los asechamos con la mirada, como cuando llega la Selección Colombia después de perder el partido de clasificación al mundial.
Cuando el penúltimo ha salido, sin importar quien queda adentro, nos desbordamos al interior del metro hasta quedar atorados.
-¿Por qué no te sientas?- Me preguntó en una ocasión una amiga de la Universidad. Mientras un señor menor de 40 años le arrebataba el puesto a una anciana.
-Es que según entiendo, los puestos del metro son para la gente que más los necesita: una persona con la pierna quebrada, la señora embarazada, un anciano, o con un niño pequeño- respondí, tome un poco del caliente oxígeno que rondaba el lugar y proseguí…
-Pero también entiendo porqué estás sentada, haz caminado todo el día, debes estar agotada; al igual que cientos de personas que trabajan a diario y este es el único instante en que logran descansar-
Inmediatamente recordé a mi abuela que con 84 años encima, le encanta caminar, a pesar de que su enfermedad no la deje; causándole más allá de un dolor físico, un punzante y agudo malestar en su orgullo y remordimientos…
-Y si aún puedo sostenerme de pie,…si aún tengo piernas, quiero disfrutar de ellas mientras las tenga- lo decía, mientras en mi mente pasaban centenares de personas que incluso nacen sin muchas de nuestras facultades y nos regalan una verdadera lección de vida.
De repente, el señor de más de 30 años y sin previo aviso, se levantó e hizo sentar a la señora a la que le había arrebatado el puesto.

Aún no entiendo como las fortalezas de algunos se convierten en debilidades para muchos. Como es el caso de las personas de cabello largo, que sienten venir el viento y salen huyendo a guarecerse en sus casas.
A mí personalmente, me parece de lo más delicioso sentir como el aire se pasea por el cuero cabelludo entre los pelos. Es muy refrescante, casi como un masaje natural…
¿Qué opinan ustedes: de la competencia que nos transmite el Sistema? ¿De la competencia de la vida diaria?

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